Ya el tráiler de la
película me dejó un pelín desconcertada -al
principio hasta pensé que era de una peli de vampiros- y la
versión completa es más de lo mismo: Dorian Grey con
efectos especiales. Así, el retrato respira, se mueve y supura
fluidos inmundos y gusanos, como si estuviera al mismo tiempo vivo y
podrido.
La historia es conocida
por cualquiera que no sea un alumno de ESO: Dorian Gray es un joven
criado en el campo, que llega a Londres convertido en un rico
heredero tras la muerte de su abuelo. Allí conoce a un artista
que, admirado por su belleza, pinta su retrato, y a Lord Henry
Wotton, un hedonista que influye enormemente en el chico. Dorian
manifiesta su deseo de permanecer siempre como se ve en su retrato, y
su deseo se cumple, pero todos los actos de depravación que
comete a partir de ese momento (y son muchos) quedan reflejados en el
retrato.
A
veces una tiene ganas de ver una peli en la que sólo haya amor
y lujo, y zapatos divinos de la muerte. Pare esas ocasiones, ésta
es la película perfecta.
Ya
en la primera escena aparece Sarah Jessica Parker con unas gafas de
sol tipo Ray-Ban de cristales dorados absolutamente fabulosas y unos
Louboutin espectaculares, y así sigue la cosa hasta el minuto
final. Sombreros, vestidos, zapatos, bolsos (un Birkin!), todos
increíbles, todos maravillosos, y todos totalmente fuera del
alcance de un sueldo normal. Vamos, que se sale del cine dando
gracias a Amancio y sus clones, aunque estoy segura de que nunca
jamás un Zara mancilló los cuerpos de las cuatro
protagonistas.
"Dios
ha perdido la fe en sus hijos". Que buena parecía ésta
premisa y que gran película se podría haber conseguido
si el guión hubiera estado más elaborado, apartándose
de las reminiscencias del género de zombies y desarrollando un
verdadero ambiente pre-apocalíptico; y no un Apocalipsis
cualquiera (de esos que de aquí a 2012 inundarán las
pantallas probablemente) de desastres naturales y demás... no,
un verdadero cabreo de un dios supremo con la raza humana, por
inconscientes y descarriados (si es que...).
El
argumento nos cuenta como el arcángel Miguel (Paul Bettany)
decide revelarse contra los designios de Dios y salvar a la raza
humana, más en concreto a una joven embarazada llamada Charlie
(Adrianne Palicki), que es camarera de un restaurante de carretera en
medio del desierto de Mojave, "Paradise Falls" (La caída
del Paraíso). El dueño Bob (Dennis Quaid), ha perdido
la esperanza y su hijo Jeep (Lucas Black), enamorado de la bella
camarera, intenta ayudarles a ambos. Junto a ellos, se encuentra el
cocinero Percy (Charles S. Dutton), un matrimonio con su hija
adolescente (Kate Walsh, Jon Tenney, Willa Holland) y un hombre con
un arma (Tyrese Gibson). Ninguno de ellos se imagina lo que está
a punto de suceder en el mundo mientras ellos permanecen sitiados en
medio de la nada.
Una
de las peculiaridades que destacaría en cuanto a mis gustos
fílmicos es que para poder echarme unas risas de vez en cuando
frente a una pantalla, en vez de acudir al género de la
comedia, echo mano de las más variadas producciones de
"terror". Y es que éste género me ha dado momentos
grandiosos, como los que ofrecía Uwe Boll en su gran película
"House of Dead", que sin duda se merece una crítica larga
y tendida... pero todo a su tiempo.
Buscando
en el baúl de los recuerdos, he rescatado una cinta que en su
momento dio mucho que hablar y que fue comparada con la ya mítica
"El proyecto de la bruja de Blair", pero que por mucho que lo
intente, no le llega ni a la suela del zapato (de hecho, basta con
apuntar que hoy en día muy pocos la recuerdan). Se nos
anunciaba el año pasado una especie de documento gráfico
real que recogía los estremecedores hechos que vivieron en su
casa Micah y Katie, una joven pareja norteamericana, al enfrentarse
con una presencia sobrenatural. Y lo cierto es que lo único
fuera de lo común fue la pasta gansa que ganó el
director, un tal Oren Peli, y la productora, cuando les costó
dos duros hacerla y resultó ser un exitazo de taquilla.
La
historia se resume en como Micah, un agente de bolsa que parece que
nunca va a trabajar, compra una cámara de video para grabar
todo lo que ocurre alrededor de su novia Katie, que se va a
licenciar y que nunca estudia (aunque quizás esto sea algo más
común). Por lo tanto, el filme está basado en esas
supuestas grabaciones caseras, en las charlas relacionadas con el
fenómeno que no aportan nada y los minutos muertos de
filmación mientras duermen, porque el ente es muy
desconsiderado y sólo da el coñazo a partir de la una
de la madrugada.
El saludable hábito
de acercarme a una sala de cine lo tengo un poco en stand by
por otros menesteres de la vida (por ello la sequía de
críticas en esta web), pero cuando uno tiene especial interés
por un título, mueve cielo y tierra para poder ir. Y es que
aunque no soy muy de blockbusters,
la primera entrega de "Iron Man" me gustó bastante, así
que a riesgo de que esta segunda me decepcionara - cosa harto
probable en lo que a segundas partes se refiere- hice mutis por le
foro y me fui al cine con unos amigos, como antaño.
La primera parte, como ya he dicho, me gustó, porque aunque se
tratara de una peli de súper héroes a años luz
del renacimiento "nolinista" del Hombre Murciélago,
conseguía ensamblar a la perfección una historia
solida, con unos personajes creíbles y las dosis justas de
acción bien filmadas, sin ese estilo que ha puesto tan de moda
Bruckheimer donde en vez de palomitas necesitamos un paquete de
biodraminas.
Esta segunda parte no ha
llegado a decepcionarme tanto como presumía. Obviamente ha
perdido frescura y novedad, ya que como segunda entrega que es, nos
presentaron al personaje y a quien lo secundan y esta vez ya ha ido
más al grano en lo que a la trama se trata.
Es
precisamente por esto por lo que ha pecado de familiaridad- si es que
de esto se puede pecar-. En "Iron Man" ya veíamos como un Tony
Stark narcisista se veía empujado a convertirse en un súper
héroe a la fuerza, primero por escapar de aquella cavernosa
prisión, y segundo por enmendar el daño producido por
sus propios productos, eso sí, al sufrirlos en sus propias
carnes.
Esta
película se basa en la novela del mismo título de
Nicholas Sparks, autor de otras pasteladas como "El diario de Noah"
(detestable), "Mensaje en una botella" (aburridísima) o
"Un paseo para recordar" (¿tragedia cristiana? ¿en
serio?), cada una más ñoña y almibarada que la
anterior. En sus historias sus protagonistas, gracias a la divina
providencia, encuentra el Amor Verdadero, así, con mayúsculas,
y no dudan un instante en que quieren casarse de inmediato y vivir
Felices Para Siempre. Pero la Fatalidad o la Enfermedad o, en este
caso, el Deber, se interponen en su camino y separan a los jóvenes
amantes para que la gente pueda lagrimear un rato en el cine. Yo no
lo puedo evitar, a mí me da la risa con cada nuevo giro de la
trama, con cada tragedia que da a los protagonistas la oportunidad de
mostrarnos lo buenas personas que son, lo abnegados y sacrificados y
amables que van a ser en la siguiente escena, me parto de risa.
Mis dos grandes pasiones
son el cine (como no) y la música. Es por ello por lo que hace
tiempo quiero hacer una pequeña retrospectiva repasando
títulos que combinen ambas aficiones.
Hace poco, viendo
"Tenacious D in the pick destiny", pensé que ya había
retrasado demasiado esta idea, y que por qué no empezar con la
película del grupo de Jack Black. Película no fácil de conseguir, al menos para mí que soy un negao, pero que debido a ello tuve la suerte de encontrarla en V.O.
Creo que de sobras es
conocido que el histriónico Jack Black es guitarra y vocalista
del grupo de rock "Tenacious D" que forma junto con el también
actor Kyle Gass. Incluso Black hizo algún alarde de su faceta
como músico en películas como "School of rock" o
"Alta fidelidad" (películas que también repasaremos en este monográfico).
Después de haber realizado la serie "Tenacious D" en 1999, Black se decidió en 2006, explotando al
máximo esa faceta, y en un ataque de hedonismo, a
rodar una película cuyo único objetivo era hacer
conocer que tiene un grupo de rock, y alardear de lo bueno que es,
según él mismo, y sobretodo pasárselo muy bien.
Aunque
la cinta que nos ocupa tiene ya una década de vida, no quería
dejar pasar la oportunidad de recordarla no sólo por su enorme
potencia visual, si no por su increíble historia de amor que a
veces tanto se echa en falta en la cartelera. "Deseando amar (In
the mood for love)" es una de las mejores películas en la
filmografía de Wong Kar-Wai, ese director chino tan admirado
fuera de su país por su impecable sello personal y que se hizo
con el galardón a mejor película extranjera en los
Premios César por dicho metraje.
La
historia, ambientada en Hong Kong durante los años sesenta,
relata los encuentros y desencuentros entre Chow (Tony Leung),
redactor de un periódico local, y Li-Zhen (Maggie Cheling),
secretaria de una compañía. Ambos se mudan con sus
respectivos cónyuges al mismo edificio; cónyuges que
por su parte, no pasan mucho tiempo en casa, lo que hace que entre
los protagonistas surja una amistad basada en un secreto: sus parejas
son amantes.
El
título ya nos deja entrever las intenciones de la historia
para con sus personajes, pero sería igualmente correcto si se
hubiese llamado "Deseando ser amado", ya que la soledad es un
personaje más que se esconde como se oculta la cámara
para espiar a los dolientes. Y es que se nos hace participes a través
de una mirada encubierta para observar la intimidad y la profundidad
hasta de las acciones más triviales, donde Kar-Wai juega a
convertir las situaciones más cotidianas en todo un ritual
ceremonioso, ensalzando a los protagonistas por encima de todo lo que
les rodea y creando una atmósfera única sólo
para ellos: ella, con su esbelta figura y su precioso vestuario, que
es el toque perfecto a su belleza ausente reflejada en sus gestos;
él, envuelto entre el humo eterno de su cigarro y el tortuoso
sentimiento de no poder amar a ninguna de las dos mujeres que hay en
su vida.