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Anoche
fui a ver esta película por la que Sandra Bullock ganó
el Oscar a la mejor actriz este año, basada en la novela de
mismo título y que leí hace un par de meses.
En
primer lugar, me da la impresión de que en el cine donde la vi
la imagen no estaba bien centrada en la pantalla, porque en todos los
planos les cortaban la parte superior de la cabeza a los actores. O
eso, o el director es un incompetente que no sabe hacer ni un
encuadre, pero me decanto más bien por la primera opción.
Me tuvo de los nervios toda la película.
La
historia es asombrosa: una familia blanca y acomodada de Memphis
acoge en su casa a un chico negro de unos 2 m de altura y unos 200 kg
de peso, sin hogar y sin apenas escolarizar, lo adoptan, le ponen una
profesora particular, lo ayudan a conseguir una beca de fútbol
en la universidad y lo tratan en todo como a uno de sus hijos. Y todo
esto ocurrió de verdad.
Afortunadamente
la película no se centra apenas en el fútbol americano,
deporte que para mí resulta totalmente incomprensible, sino en
la relación del chico con su nueva familia. Un chico que nunca
había tenido una cama propia se encuentra de pronto en la casa
de unos millonarios a los que no les falta de nada. Solo el bolso de
Dior que lleva Sandra Bullock debe costar más dinero del que
aquel chico habría gastado en toda su vida. Lo más
sorprendente es que el chico, con todo lo grande que es y con la
infancia que ha tenido, con una madre drogadicta y un padre ausente,
en un barrio lleno de traficantes, es manso como un cordero. Un chico
tranquilo, tímido, que apenas habla con nadie y que parece
incapaz de hacer daño a una mosca. Una cualidad que tampoco es
muy apreciada en un jugador de fútbol...
En
cuanto al Oscar de Sandra Bullock, ella está bien, pero
tampoco me parece que sea para tanto. Se pasa la peli con una cara de
estoy-muy-conmovida-por-esta-tragedia-pero-no-voy-a-llorar-porque-soy-un-pilar-de-fortaleza
de lo más convincente, pero tampoco es que el papel dé
para más. Ni ella es Meryl Streep. En realidad la que se
merece un premio es la mujer en la que se basa la historia, que hizo
algo digno de elogio. Pero el premio le cayó a la Bullock tal
vez por proximidad.
Lo
que me llama mucho la atención es el acontecimiento que viene
a ser el nudo de la narración: la investigación que se
efectuó para ver si el fichaje de Michael Oher por una
universidad había sido limpio o si se podía considerar
que lo que le habían dado sus nuevos padres adoptivos era un
pago. No me cabe en la cabeza que investigaran eso y no hasta qué
punto puede llegar el nivel de dejadez e incompetencia de los
servicios sociales para que un niño se pase diez años
tirado en la calle, sin casa ni comida ni una escolarización
mínima. Eso da igual, pero que a nadie se le ocurra darle
dinero por jugar al fútbol en la universidad, que eso es
inmoral.
Una
película agradable de ver, sin ser excesivamente ñoña
a pesar del tema que trata. No es extraordinaria, pero comparando con
el resto de la cartelera me parece la mejor opción de esta
semana.
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