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Ya el tráiler de la
película me dejó un pelín desconcertada -al
principio hasta pensé que era de una peli de vampiros- y la
versión completa es más de lo mismo: Dorian Grey con
efectos especiales. Así, el retrato respira, se mueve y supura
fluidos inmundos y gusanos, como si estuviera al mismo tiempo vivo y
podrido.
La historia es conocida
por cualquiera que no sea un alumno de ESO: Dorian Gray es un joven
criado en el campo, que llega a Londres convertido en un rico
heredero tras la muerte de su abuelo. Allí conoce a un artista
que, admirado por su belleza, pinta su retrato, y a Lord Henry
Wotton, un hedonista que influye enormemente en el chico. Dorian
manifiesta su deseo de permanecer siempre como se ve en su retrato, y
su deseo se cumple, pero todos los actos de depravación que
comete a partir de ese momento (y son muchos) quedan reflejados en el
retrato.
En la novela de Wilde,
esos actos de perversión apenas se insinúan, al igual
que ocurre con la posible relación homosexual entre Dorian y
el pintor. La película no es tan sutil: es como presenciar una
orgía sin fin. Que en el siglo XIX bastaba con sacar a pasear
a una chica sin carabina para que lo considerasen a uno una mala
influencia y un bala perdida, no hacía falta ir mucho más
allá. Y la vanidad y la gula también cuentan como
pecados capitales, aunque en esta versión parece que sólo
exista la lujuria.
Con todo esto, la película
tiene un aire un poco macarra que a mí me resulta muy
chocante. Oscar Wilde era un escritor muy ingenioso, con un humor
lleno de ironía y muy sutil, y esta adaptación, en
comparación, me parece de lo más zafia. Otra cosa que
pierde en la comparación con la novela es que enseñan
demasiado el retrato, resulta siempre mucho peor cuando te lo tienes
que imaginar. Por eso Wilde casi no da detalles físicos en su
descripción, no se centra en las llagas ni las pústulas,
sino más bien en su expresión, en su mueca de desprecio
y depravación, y en como la vida de degeneración que ha
llevado queda reflejada en su rostro.
En cuanto al final, no es
que sea completamente diferente al de la novela, sino que más
bien es una exageración, como si alguien en Hollywood hubiera
decidido darle un poco de caña en plan acción (y eso
que es una peli británica), con lo que queda bastante raro.
Los actores, claro está,
están correctos, sobre todo Colin Firth como corruptor e
inductor del joven Dorian. Ben Chaplin es el artista que le hace
ojitos al chico, y el propio Dorian es Ben Barnes, el de Príncipe
Caspian. Pero él se tiene que limitar a estar guapo y sonreír
con sorna todo el rato. El resto son casi todo prostitutas que entran
y salen, casi ninguna dos veces.
No es lo que yo llamaría
una película de época, la verdad.
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