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"Dios
ha perdido la fe en sus hijos". Que buena parecía ésta
premisa y que gran película se podría haber conseguido
si el guión hubiera estado más elaborado, apartándose
de las reminiscencias del género de zombies y desarrollando un
verdadero ambiente pre-apocalíptico; y no un Apocalipsis
cualquiera (de esos que de aquí a 2012 inundarán las
pantallas probablemente) de desastres naturales y demás... no,
un verdadero cabreo de un dios supremo con la raza humana, por
inconscientes y descarriados (si es que...).
El
argumento nos cuenta como el arcángel Miguel (Paul Bettany)
decide revelarse contra los designios de Dios y salvar a la raza
humana, más en concreto a una joven embarazada llamada Charlie
(Adrianne Palicki), que es camarera de un restaurante de carretera en
medio del desierto de Mojave, "Paradise Falls" (La caída
del Paraíso). El dueño Bob (Dennis Quaid), ha perdido
la esperanza y su hijo Jeep (Lucas Black), enamorado de la bella
camarera, intenta ayudarles a ambos. Junto a ellos, se encuentra el
cocinero Percy (Charles S. Dutton), un matrimonio con su hija
adolescente (Kate Walsh, Jon Tenney, Willa Holland) y un hombre con
un arma (Tyrese Gibson). Ninguno de ellos se imagina lo que está
a punto de suceder en el mundo mientras ellos permanecen sitiados en
medio de la nada.
Scott
Stewart, guionista y director de la cinta, se ha quedado a medio
camino entre una película de terror palomitero y una verdadera
película cuyo sentido fuera terrorífico, porque como
bien he dicho, la ira de un Dios y la extinción de la raza
humana daban para mucho más: no por el sentido religioso, que
aquí cada cual lo entenderá como prefiera, sino por un
arduo examen de conciencia de los seres humanos y de si nos merecemos
seguir andando por la faz de la Tierra. Pero Stewart ha preferido
hacer un cúmulo de situaciones que beben directamente de
conocidas referencias del cine de terror y de acción (ese
Miguel rebelde a lo "Constantine"; el que estén sitiados y
rodeados de poseídos, a lo "Amanecer de los muertos"; el
que llegue el ángel exterminador a lo "Terminator" a matar
a la esperanza de la humanidad, el niño recién nacido;
o incluso alguna situación con tintes cómicos con una
ancianita adorable que me hace recordar "Arrástrame al
Infierno"), mezclándolas con las conversaciones celestiales
sobre lealtad y fe o las introspectivas para intentar desvelar un
poco la verdadera naturaleza de los hombres, que siempre sale al
flote en las situaciones al límite y, con escenas de lucha,
tiroteos a tutiplén con el más variado armamento y
momentos gore.
El
aderezo durante todo el film son diversos guiños, como el
nombre del restaurante, el mechero que porta Bob con la inscripción
"Hope" (esperanza) o que en la tele estén echando la
película "¡Que bello es vivir!" - sobre todo
cuando te quieren aniquilar una pandilla de ángeles sin
misericordia - que intentan darle una profundidad de sentido a la
trama, un doble fondo simplista si se mira bien. Uno puede terminar
pensando que el verdadero sentido es que, en realidad, Dios ni sabe
lo que quiere ni le importa la raza humana... pero las
interpretaciones religiosas las dejo para aquellos que quieran ir más
allá del puro entretenimiento.
Respecto
al elenco artístico, en general dentro de los papeles que
tenían que desempeñar, aunque a Bettany se le queda
pequeño el suyo - o es que últimamente se conforma
con poco - y Quaid parece como siempre abocado a la
sobreactuación. Y a nivel técnico, pues los efectos son
muy correctos, que no espectaculares, pero que cumplen su función
y no saturan la pantalla sino que acompañan en todo momento la
acción, con algún repunte bastante logrado. Quizás
sobraban los cielos del final de la película con respecto a la
fotografía (por no decir que sobran directamente esos minutos
de cinta, que a parte de no aportar nada, estropean lo que podría
haber arreglado el despiste de no saber elegir un camino definido a
seguir, transformándose en un compendio de situaciones). Por
parte de la música, muy de trompetas anunciando la hora final
en los momentos de más tensión, bastante atronadora.
Aunque
no es el mejor producto que podría haber salido del horno y en
cuanto a ritmo narrativo es muy irregular, es una hora y media para
distraerse, tal cual, recordando en buena parte otras películas.
Que la disfruten con un buen refresco y un bol lleno de palomitas.
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