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Una
de las peculiaridades que destacaría en cuanto a mis gustos
fílmicos es que para poder echarme unas risas de vez en cuando
frente a una pantalla, en vez de acudir al género de la
comedia, echo mano de las más variadas producciones de
"terror". Y es que éste género me ha dado momentos
grandiosos, como los que ofrecía Uwe Boll en su gran película
"House of Dead", que sin duda se merece una crítica larga
y tendida... pero todo a su tiempo.
Buscando
en el baúl de los recuerdos, he rescatado una cinta que en su
momento dio mucho que hablar y que fue comparada con la ya mítica
"El proyecto de la bruja de Blair", pero que por mucho que lo
intente, no le llega ni a la suela del zapato (de hecho, basta con
apuntar que hoy en día muy pocos la recuerdan). Se nos
anunciaba el año pasado una especie de documento gráfico
real que recogía los estremecedores hechos que vivieron en su
casa Micah y Katie, una joven pareja norteamericana, al enfrentarse
con una presencia sobrenatural. Y lo cierto es que lo único
fuera de lo común fue la pasta gansa que ganó el
director, un tal Oren Peli, y la productora, cuando les costó
dos duros hacerla y resultó ser un exitazo de taquilla.
La
historia se resume en como Micah, un agente de bolsa que parece que
nunca va a trabajar, compra una cámara de video para grabar
todo lo que ocurre alrededor de su novia Katie, que se va a
licenciar y que nunca estudia (aunque quizás esto sea algo más
común). Por lo tanto, el filme está basado en esas
supuestas grabaciones caseras, en las charlas relacionadas con el
fenómeno que no aportan nada y los minutos muertos de
filmación mientras duermen, porque el ente es muy
desconsiderado y sólo da el coñazo a partir de la una
de la madrugada.
Comienza
siendo aburrida, con el novio creyéndose en "Al límite
de lo imposible" o algún programa similar, porque no suelta
la cámara ni para meterse a la ducha mientras se lo toma todo
a cachondeo. Sigue siendo tediosa e insulsa, intentando crear un
ambiente de tensión en las grabaciones nocturnas que no cuaja
se mire por donde se mire. Y termina por ser desesperante, pudiendo
hacer que el espectador quiera, o que el ente los mate cruelmente o
que termine haciendo vida familiar con ellos como si tal cosa. Esto
último sería lo más razonable, porque no he
visto yo a dos personas que se tomen eso de los postergeist y las
posesiones demoníacas de manera tan natural, como si les dicen
que tienen termitas en vez de un demonio.
En
algún momento se nos intenta asustar con alguna puerta que se
abre sola o una luz que se enciende, y sobre todo ruido de golpes y
pasos a altas horas de la noche (que me pregunto yo si no será
que también tengo una maldición, porque me ocurre lo
mismo y pensé que eran mis vecinos...). También hacen
el esfuerzo de transmitirnos la desesperación que sufren a
través de Katie, pero la chica lleva francamente bien eso de
que la acose un espíritu o similar, tanto que consigue dormir
a pierna suelta todas las noches; parece que lo único que le
molesta es el pesado de su novio, que la persigue por la casa
filmándola en un intento de resolver sus problemas con el
demonio como buen macho de la manada que se cree. Y como no lo
consigue, pues se pone a amenazarle: claro que sí, buen
hombre, así se espanta a las fuerzas oscuras.
Dado
que es un falso documental, carece de todo tipo de música o
efectos, incluso de alguna conversación interesante entre los
protagonistas. Lo único a destacar es el gran trabajo de
marketing que hubo detrás, llenando incluso Internet de
historias que aumentaron la curiosidad del público y allanó
su camino a ser un taquillazo, con afirmaciones como que era una de
las películas más terroríficas de todos los
tiempos. A mi, personalmente, me da más miedo un episodio de
los Teletubbies.
Para
los que se aventuren a verla, podrán incluso encontrar varios
finales alternativos... pero que no se hagan ilusiones, porque son
igual de decepcionantes que el original.
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