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Aunque
la cinta que nos ocupa tiene ya una década de vida, no quería
dejar pasar la oportunidad de recordarla no sólo por su enorme
potencia visual, si no por su increíble historia de amor que a
veces tanto se echa en falta en la cartelera. "Deseando amar (In
the mood for love)" es una de las mejores películas en la
filmografía de Wong Kar-Wai, ese director chino tan admirado
fuera de su país por su impecable sello personal y que se hizo
con el galardón a mejor película extranjera en los
Premios César por dicho metraje.
La
historia, ambientada en Hong Kong durante los años sesenta,
relata los encuentros y desencuentros entre Chow (Tony Leung),
redactor de un periódico local, y Li-Zhen (Maggie Cheling),
secretaria de una compañía. Ambos se mudan con sus
respectivos cónyuges al mismo edificio; cónyuges que
por su parte, no pasan mucho tiempo en casa, lo que hace que entre
los protagonistas surja una amistad basada en un secreto: sus parejas
son amantes.
El
título ya nos deja entrever las intenciones de la historia
para con sus personajes, pero sería igualmente correcto si se
hubiese llamado "Deseando ser amado", ya que la soledad es un
personaje más que se esconde como se oculta la cámara
para espiar a los dolientes. Y es que se nos hace participes a través
de una mirada encubierta para observar la intimidad y la profundidad
hasta de las acciones más triviales, donde Kar-Wai juega a
convertir las situaciones más cotidianas en todo un ritual
ceremonioso, ensalzando a los protagonistas por encima de todo lo que
les rodea y creando una atmósfera única sólo
para ellos: ella, con su esbelta figura y su precioso vestuario, que
es el toque perfecto a su belleza ausente reflejada en sus gestos;
él, envuelto entre el humo eterno de su cigarro y el tortuoso
sentimiento de no poder amar a ninguna de las dos mujeres que hay en
su vida.
Es
un drama de amor inmenso, no sólo porque ambos actores están
soberbios ante la cámara (son capaces de sostener un plano de
larga duración sin que importe que se pare el tiempo), sino
porque los dobles sentidos están sostenidos en que Leung y
Cheling interpretan tanto a la pareja engañada como a los
amantes nocturnos que hacen equilibrios en la cuerda del engaño,
creando un juego donde ella se hace pasar por su mujer y él,
por su marido. La química que se establece entre ellos nos
hace olvidarnos de todo, centrándonos en cada mirada y gesto
cuidadosamente estudiado de un amor prohibido.
La
maravillosa fotografía de Christopher Doyle y Mark Li
Ping-Bing inunda cada plano de una hermosura extra, sobre todo
ensalzando a Cheling, pues sus tomas son como las de aquellas grandes
estrellas cinematográficas de la época dorada de
Hollywood. El uso de colores como el rojo, que posteriormente
inundaría "2046 " de Wong Kar-Wai, o luces tan íntimas
como las que iluminan el callejón donde los solitarios amantes
se cruzan antes de encerrarse en sus correspondientes habitaciones,
esperando a sus parejas, son de lo más destacado y nos
trasmiten la importancia de la luz y los colores en la cultura
oriental.
Pero
ésta hermosa y furtiva historia no sería nada sin la
música que la acompaña, sobre todo el tema "Yumeji´s
Theme" de Umebayasi Shingeru, un gusto para los sentidos que pone
la guinda a un pastel cuyo sabor se queda en el paladar durante largo
tiempo. En la banda sonora también se incluyen,
fundamentalmente, otras dos canciones de Antonio Machín.
Por
lo demás, un bocado exquisito cuya esencia se puede resumir en
una de las escenas más significativas que suceden a los 35
minutos del comienzo. Y como signo premonitorio, Kar-Wai bautizó
al apartamento de los amantes con el número 2046.
Totalmente
recomendable para deleitarse con un buen guión, unos
excelentes actores y una banda sonora impecable, hay que avisar que
se abstengan aquellos comensales que no estén acostumbrados a
la cadencia con que tratan en Oriente éste tipo de historias.
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