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Después de la reseña que hicimos
de la novela de Peter Maas, Serpico, le llega al turno a la adaptación que
realizó de la misma Sidney Lumet allá por 1973.
"Serpico" nos cuenta la historia real de Frank Serpico,
policía honesto de Nueva York, que tuvo el valor de destapar casos graves de
corrupción dentro del departamento, poniendo en riesgo su propia integridad
física.
La película, al igual que la novela en que se basa,
comienza de forma contundente, con Serpico debatiéndose entre la vida y la
muerte en el asiento trasero de un coche patrulla, conducido al hospital.
Por medio del flashback repasamos la vida de este policía desde
el momento que sale de la academia, pasando por varios pasajes donde va
descubriendo poco a poco los favores que reciben sus compañeros por parte de
comerciantes, solicitando así un trato preferente, hasta cotas más altas de
corrupción, donde los hombres de azul se van lucrando a costa de los propios
delincuentes y otros trapicheos callejeros.
Lumet nos va narrando las vivencias de Frank, al que el
propio director definió como "un rebelde con causa", con crudeza y realismo.
Con mucha sobriedad, acompañamos a este honrado policía a lo largo de su
carrera, la cual comienza con un lógico entusiasmo al convertirse en agente de
la ley, cosa que había deseado desde pequeño, y que a lo largo de su
trayectoria va cayendo en el desencanto, tanto por parte de los corruptos, como
por la reacción de una cúpula que hace oídos sordos a sus denuncias;
demostrándonos, una vez más, que el sistema sólo mira en una dirección, la que
más le conviene.
Al Pacino -que acababa de pegar el espaldarazo definitivo
hacia la fama con su papel de Michael Corleone en "El Padrino"- fue el
candidato perfecto para encarnar a Serpico, el auténtico antihéroe que lucha
solo ante el peligro contra la corrupción policial. Nominado al Oscar como
mejor actor por este trabajo, supo transmitir a la perfección esa desesperación
e impotencia que siente su personaje, empeñado con todas sus fuerzas a ser un
íntegro agente de la ley y cumplir con su obligación, pero a su pesar no hace
más que encontrar trabas cuando decide actuar en contra de esa corrupción,
llegando cada vez que lo intenta a un callejón sin salida.
En el resto del
reparto podemos encontrar a gente como John Randolph, Jack Kehoe o Tony Roberts
que a pesar de que sus nombres no nos suenen, no ocurre lo mismo con sus
rostros, resultándonos familiares, sobretodo al espectador que visione con
asiduidad cine de la década de los setenta. Todos realizan un trabajo a la altura
del resto de la producción, eso sí, sin llegar ninguno de ellos a eclipsar en
ningún momento a Pacino; ni a sobresalir de ese telón de fondo en el que
residen todos los secundarios, no pudiendo definir a alguno como Némesis del
protagonista.
Lumet no sólo nos muestra los obstáculos que encuentra
Frank, sino que nos hace un retrato de la burocracia y la política que nos ata
de píes y manos en un mundo que gira en torno al poder, el dinero y las
apariencias, y donde hacer lo correcto, paradójicamente, es lo que está
perseguido. Se podría traducir como una versión moderna de la lucha ancestral
de David contra Goliat.
A pesar de que consigue realizar una más que digna
adaptación de la novela -sin entrar ahora en polémicas de "el libro es mejor"-
deja elementos en el tintero que en realidad no distorsionan la fidelidad de la
historia principal, aunque a veces si que podemos perdernos un poco. Sobretodo
cuando hablamos de los casos de corrupción propiamente dichos, teniendo la
sensación de que nos hemos perdido algo, y es que algo si que se queda en el
camino, que sólo podemos identificar si nos hemos leído la novela, cosa que
recomiendo efusivamente, porque no es que sea mejor que la película,
simplemente la complementa rellenando esos huecos que nos dejan esa sensación
de perdida de datos.
El elemento romántico de la relación sentimental de Frank
con su vecina (inexistente en la novela) supongo que se añadió al guión a la
hora de atraer a un público femenino a las salas, y personalmente pienso que no
debería haber sido incluido, porque Serpico es un hombre solitario y nada
comprometido, disfrutando sólo de relaciones esporádicas o nada serias con dos
o tres chicas en concreto, que demuestran una vez más ese carisma solitario y
taciturno del protagonista. A pesar de ello queda patente lo difícil que le
resulta consolidar vida personal y trabajo a través de sus relaciones,
agravadas a la vez por su lucha interna por ser un honesto policía o mirar
hacia otro lado.
Película policíaca, que a pesar de resultar árida en su
narración, disimula con una gran sencillez una historia épica de la eterna
lucha del bien contra el mal, donde el héroe no consigue siempre la recompensa
merecida, como la vida misma.
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