"La nueva
película de Peter Jackson, District 9": pobre del verdadero director de dicha
película pseudoalienígena que todo el mundo ha dejado en el olvido, el
debutante Neil Blomkamp, que ha desarrollado su carrera en el mundo de los FX
visuales y que ¡oh!, quién lo iba imaginar, se cruzó en el camino de un señor
gordito y barbudo muy simpático llamado Peter e intentó sacar adelante junto
con éste la adaptación a la gran pantalla del videojuego de HALO. Tras este
intento frustrado, Jackson decidió producirle una película cuyos efectos
especiales son dignos de rivalizar con las megaproducciones veraniegas
recientes, con base en el cortometraje de Neil, "Alive in Joburg", y el propio
videojuego de HALO.
Wikus Van Der Merwe, trabajador de la MNU, una compañía que fabrica
armamento, se dedica a desalojar junto con el ejército de seguridad privada el
Distrito 9, un lugar habitado por alienígenas que sobreviven en la miseria.
Pero este hombre no contaba con que una sustancia le iba a hacer ponerse en el
lugar de Christopher, nuestra gamba amiga, y tener que ser perseguido, asediado
y rechazado por sus propios congéneres mientras intenta salvar su vida.
Ese es el
punto de partida en torno al que gira "District 9". Si optamos por buscar en
IMDB, podremos observar que es una película de ciencia-ficción, dramática, de
thriller y de acción... no, señores y señoras, no es que se hayan dedicado a
poner tags a diestro y siniestro, es que este metraje es un batiburrillo rollo
pseudodocumental (y de nuevo empleo el término pseudo, porque aquí es la
sensación que da, que pretende emular géneros todo el rato) que intenta
hacernos partícipes de la terrible situación de los alienígenas con pinta de
gambas que aterrizaron hace 20 años en Sudáfrica y están siendo exterminados
por la raza humana. ¿Y cómo quieren que nos traguemos esto de una manera seria
y sensible? Pues con una cámara en mano, con entrevistas a "profesionales", con
un humano protagonista que no lo hace nada mal y una musiquita de la tierra que
le da ese toque a lo "Jardinero Fiel".
Hace ya bastantes años que las empresas de animación dedicadas a crear productos para niños (porque no olvidemos que por suerte, hay vida más allá de la nueva factoría Disney y sus sub-productos para pre-adolescentes mediatizados, con resultados a lo Hannah Montana o Jonas Brothers) se dieron cuenta del filón que era enfocar las películas a un humor más "adulto", sin llegar claro al caso de extremos como "South Park", por ejemplo.
Sabían que ya que los padres acudían en las tardes calurosas de veranos como este para tener a sus criaturas distraídas durante un par de horas frente a una pantalla gigante, viendo las andanzas de un grupo de animales pre-históricos siempre al filo de la supervivencia, lo mejor era que esos padres pudieran reírse a gusto con los chistes que sus hijos no llegaban a entender, y que también pudiesen ir adultos sin necesidad de pagar entrada con la excusa de llevar al sobrino a hincharse de palomitas y dulces. La Fox, a través de Blue Sky, supo aplicar esta fórmula con la - hasta el momento, que no se descarta que se amplíe - trilogía de "Ice Age", como también en su día lo hiciera Dreamworks con la saga "Shrek".
Perdón,
¿alguien dijo miedo? Sí, puede que el miedo de ver que llega a nuestras
pantallas un nuevo remake palomitero. Otra película que se convierte en una
razón para aguardarse en un cine con aire acondicionado estas tardes de verano
antes de insolarse, más que para disfrutar de una buena película. Y como no era
para menos, uno de los artífices del proyecto es ese gran conocido, Wes Craven
(con letras de neón en todos sus productos), que limpia el polvo y la pelusa a
su primer film de terror para que las nuevas generaciones (que parecían no
tener bastante con televisiones y videojuegos) deleiten esta película
"visceralmente" violenta.
Pero
vayamos por partes, porque "La última casa a la izquierda" (esta vez de la mano
del recién llegado Dennis Iliadis, "Hardcore") es un remake de la versión que
allá por el año ´72 intentaba romper normas y dar un nuevo giro al género de
terror y suspense. Y aquí, señores y señoras, llega el error de todas estas
precuelas, secuelas, remakes, etc.: en su momento, interesaban y no dudo de que
muchas de ellas hicieran a alguno plantearse lo de meterse en un bosque o
dormir tranquilamente, pero ahora, está todo visto, y más cuando la
originalidad brilla por su ausencia.
Al sentarse
en la butaca para ver una película como la que ahora nos ocupa, hay que
enfrentarse al tiempo de una manera diferente, pausada y con calma. Por eso la
vida de una pareja de ancianos, cuyos hijos regresan a casa por el aniversario
de la muerte del hermano mayor, se convierte en dos horas de película que
entremezcla aspectos culinarios, sonidos tradicionales, costumbres familiares y
silencios que suplen las palabras.
Kore-eda
Hirokazu ("Nadie Sabe", "Hana"), director de la cinta, hace una declaración de
principios ante su audiencia, recalcando que es un claro homenaje a sus padres
fallecidos. Se nota un sello íntimo y personal, que quiere transmitirnos - o
más exactamente, hacernos rememorar - el ambiente de una familia que se reúne
en "casa de la abuela": el choque generacional; el paso del tiempo; los hechos
trágicos inolvidables; los secretos; las enseñanzas que pasan de padres a
hijos.
¿Y quién no recuerda esos domingos en casa de la abuela, cuando toda la
familia habla a gritos, ríe alto, con todos los críos correteando por la casa?
Pues esos momentos son los que se congelan y se llevan a la gran pantalla a
través de un personaje que igual te increpa lo mal que cocinas (o en otras
palabras, que no haces las cosas como ella y al ponerse nerviosa, termina
haciéndolas ésta) o que abre su corazón hablando del dolor que siente al pensar
en su hijo muerto: lo que viene a ser una madre, sincera y honesta, como la
actriz que aquí da vida a ese ser tan entrañable (Haruko Kato).
Joel Schumacher ("Batman y Robin"), Lee Tamahori ("007: Muere otro Día") y Jonathan Mostow ("Terminator 3"), tienen algo en común: de una u otra manera, tuvieron en sus manos un icono cinematográfico (Batman, James Bond y Terminator, respectivamente) con la clara intención de realizar la mejor película de, hasta entonces, sus correspondientes sagas... pero fracasaron estrepitosamente. No económicamente, pues las tres películas fueron relativos éxitos, pero sí a nivel crítico y sobre todo, ante el público (al fin y al cabo, los verdaderos críticos de las películas). Por ello, fueron pronto relegadas.
El mundo se olvidó por unos años de Batmans, James Bonds y de, por supuesto, Terminators. Eso obligó a un "reseteo" por parte de las productoras, un nuevo punto de vista de sus franquicias.
El caballero oscuro de Christopher Nolan, el violento agente secreto que retrató Daniel Craig y el nuevo John Connor (guerrero y post apocalíptico) de Christian Bale, tienen nuevamente algo en común: volver a cierto realismo visual y narrativo (se reducen considerablemente las fantasías y el público concede más credibilidad a esos personajes y su entorno). Esta vez, el éxito de crítica y espectadores ha sido unánime.
"Terminator Salvation" es la última de esas muestras: un nuevo comienzo, un "Begins" por así decirlo. La historia ya es sabida (las máquinas se rebelan contra el hombre, el hombre debe sobrevivir), pero esta vez - y ya era hora - los productores y realizadores se animan a buscar el otro lado de la moneda. Ya basta del joven John Connor perseguido por un Arnold Schwarzenegger en horas bajas: el relato de la guerra, la verdadera guerra entre las máquinas y el hombre, está aquí.